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jueves, 2 de junio de 2016

Práctica 8

La educación en 2030

¡Bienvenidos al Instituto "World Wide Web"! 

Cómo ya sabéis, a partir de este año, ya no trabajaremos más con soportes de papel. Por todos es conocida la nueva ley de educación (12886 Ley Orgánica 8/2030, de 15 de diciembre, para la mejora de la calidad educativa, Capítulo 30) dónde se pide el uso urgente de recursos basados en las tecnologías de la información y la comunicación a través de Internet.
No hay tiempo para lamentaciones y ruego encarecidamente que se vayan desprendiendo de todos los libros que tengan en su poder depositandolos en el banco de libros y vayan incorporando a sus vidas las nuevas tecnologías que ya tienen a su disposición en todo los puntos de venta.
El programa del curso lo recibiréis a través de un mensaje televisivo que se emitirá todos los días por el canal privado del centro; además, podréis visualizar todas las asignaturas, tareas, actividades y ejercicios de todas las asignaturas que hayáis elegido en el blog de la Junta directiva del instituto.
Referente al estudio de Filosofía, si alguno está interesado, tendrá que pedir una solicitud a la Consellería de Educación explicando los motivos de porqué y para qué quiere estudiar dicha asignatura y, en cuyo caso de que le sea otorgada la solicitud, deberá hacer otro escrito renegando de la adquisición y uso de todas las innovaciones tecnológicas.

¡¡Que comience el curso!!




lunes, 30 de mayo de 2016

Práctica 8


La educación en el 2030

El despertador sonó con más fuerza que nunca. O por lo menos así le pareció a Diego.  Lo cierto es que a este le costaba menos levantarse cuando era consciente de que no tenía la obligación de desplazarse hasta el instituto, puesto que ese día le tocaba clase a distancia, o como él decía: “Clase digitalizada”. Consideraba que disponía de más tiempo y de más libertad a la hora de organizarse y de prepararse el material académico pertinente. Diego podía desayunar con tranquilidad, y no con las prisas que para él implicaba la asistencia a clase. Hacía ya cinco años que se había implantado la jornada escolar semipresencial. Es decir, los jóvenes solo tenían que asistir a clase 2 días a la semana. Los otros tres días restantes, todas las clases se impartían de forma digitalizada. Esto es a través de Smartphones, ordenadores o tabletas. Al principio la idea suscitó ciertas controversias, ya que algunos incrédulos consideraban que tanta digitalización no sería ni viable ni oportuna. Sin embargo, la sorpresa fue bastante grata cuando el rendimiento escolar se potenció, junto con la media de las notas, que también había incrementado.
Diego era un buen estudiante. Dominaba todas las materias, pero sentía especial interés por la asignatura de Lengua y Literatura castellana. Le encantaba la literatura, sobre todo la juvenil y el mundo de los cómics y las viñetas. Las herramientas digitales y programas informáticos que utilizaba en esta asignatura contribuyeron al desarrollo de las destrezas escritas y pictóricas de Diego, quien creaba cómics y viñetas cada vez más originales y preparadas. Otro aspecto que le agradaba de esta nueva metodología escolar es que ya no tenía que hacer exámenes. No había de pasar por los nervios que siempre había implicado la realización de una prueba escrita que evaluaba tus supuestos conocimientos adquiridos. Ahora la evaluación se basaba en el seguimiento del trabajo, y en los proyectos que se elaboraban por medio de las diversas plataformas digitales de carácter educativo. La tecnología había avanzado considerablemente en el ámbito de la educación. Los profesores con solo abrir un determinado programa informático ya tenían conocimiento de cuántos alumnos estaban conectados escuchando sus explicaciones. Estos docentes también podían controlar la evolución de los trabajos que se iban mandando a lo largo del curso. Podían saber el tiempo que sus alumnos le dedicaban a su propia materia.  
Los días de jornada escolar presencial no eran del todo malos, para nada. Es más, Diego los agradecía. Agradecía el contacto personal y social que solo un aula te puede ofrecer. Le gustaba ir y disfrutar de la compañía de sus amigos y compañeros de clase. El clásico recreo tampoco podía faltar. Los juegos, las risas, los partidos de fútbol, las miradas cómplices entre amigos y compañeros, etc. Son estas cosas las que siempre prevalecerán en la escuela, debido a que son un sello personal y único de la misma. Por mucho que la tecnología avance, hay ciertos aspectos que no podrán cambiar, y que esta tampoco podrá modificar, porque son elementos propios de la naturaleza y condición humana. 

Práctica 8

LA EDUCACIÓN EN 2030


Catorce años son pocos en la historia del mundo. Incluso un siglo. Al menos, eso me decían en clase de Ciencias Sociales. Pero catorce años para la vida de una persona y para las nuevas tecnologías pueden ser demasiados. Las marcas de móviles, de hecho, necesitan solo seis meses para sacar un modelo mejor que el anterior. Seguramente mucho menos tiempo, pero deben asegurarse de que venden lo suficiente el producto anterior para lanzar el siguiente.
Hace precisamente catorce años terminé mi etapa como alumna. Yo viví a caballo entre la educación tradicional y la de las nuevas tecnologías, una etapa más aferrada a la hoja y al papel y más reacia a esta nueva incorporación. Sin embargo, en el momento en que dejé mi instituto, me empecé a plantear si las nuevas tecnologías me tenían alguna especie de alergia. Conforme terminó aquella etapa, las TIC arrollaron con todo: libros, redacciones a boli, pizarra... todo. Por lo menos, en mi colegio, el ipad se había hecho la herramienta protagonista, sin dejar ni siquiera un papel (nunca mejor dicho) secundario a los libros de toda la vida.
¿Recordáis lo que era un simple lápiz? A mí siempre se me caía al suelo y, sin levantarme de la silla, haciendo casi matrix, conseguía cogerlo. Os pregunto esto porque yo no he renunciado (ni tengo intención) de renunciar a las libretas, al lápiz y al borrador. Actualmente, soy profesora en el que fue mi instituto, el cual no soy capaz de reconocer ahora como propio. Las clases son transparentes, las pizarras se mudaron a algún lugar con la esperanza de que las volvieran a querer, y los libros ni siquiera se fabrican ya. Por una parte, me alegro enormemente por los árboles. Haber sustituido las hojas de papel por ordenadores ha salvado al vida de muchos de ellos y nos permite respirar mejor. Solo que, a veces, reflexiono seriamente si somos personas o no nos hace falta respirar.
El ser humano tiene la innegable capacidad de abusar de todo lo que puede, y era de esperar que no supiera mantener el equilibrio con esto de las nuevas tecnologías. Como os he dicho antes, soy profesora de lengua, pero me siento como una de informática. Las TIC deberían haber sido una herramienta, pero los humanos se han empeñado en ser consumidos por ellas, y ahora vivimos en un mundo que no se concibe sin ellas. Y depender del agua, de la comida, son cosas inevitables, pero no hay nada tan absurdo como hacerse uno mismo completamente dependiente de algo que debería haber sido un complemento de ayuda.
Ahora, ni siquiera la RAE ha mantenido la palabra “lápiz” en el diccionario. El otro día decidí que volvería a usarlo para poner los positivos y los negativos (esto sí se ha mantenido) con este, y, como cuando era pequeña, se me cayó al suelo. No falla, siempre se me ha caído. Antes de recogerlo, una de mis alumnas se agachó a cogerlo. Cuando me lo tendió para devolvérmelo, me miró con una cara de desinterés y extrañeza, y me preguntó: ¿qué es eso?
¿Cómo podía explicarle a la niña que “eso” que no despertaba el más mínimo interés en ella era toda mi infancia, mi flotador en este mundo tecnológico, mi olor favorito... algo que ella, por culpa de la estupidez humana, nunca llegaría a entender? 

domingo, 22 de mayo de 2016

Práctica 8: La educación en 2030




“Por su mirada ensimismada, deduzco que ha vuelto a desconcentrarse. Le ruego que cierre el programa y retome la tarea cuando sus niveles de productividad sean óptimos”. Otra vez le había vuelto a pillar Ofelia. La verdad es que hacía días que había descubierto, cubierto de polvo y con las páginas amarilleadas, un ejemplar de Un mundo feliz, de Aldous Huxley, y que desde entonces no encontraba sentido a nada de lo que hacía. “¿De verdad es este el fin de la existencia, aquello para lo que hemos sido creados?”, se preguntaba cada vez que desconectaba su mente de la nube, ya que tenía constancia de que sus tutores, firmes seguidores de la Iglesia del Pensamiento Positivo,  tenían acceso a su sistema operativo.  Y es que ya eran cuatro las ocasiones en las que le habían camuflado antidepresivos en la comida por albergar pensamientos discordantes, preocupados porque acabara convertido en un paria, como ya les había advertido la médico que había revisado su genotipo nada más nacer.


En fin, ya eran las 17:00h y su cuidadora por telepresencia, cuidadosamente contratada para que le vigilara en sus horas de menor rendimiento, no tardaría en manifestarse. Así que, por la cuenta que le traía, se colocó las gafas de realidad virtual y se dispuso a consumir la porción de información que le tenían preparada, no fuera que se llevara la impresión de que disfrutaba de tiempo libre, entendido desde comienzos del siglo como tiempo desaprovechado, ineficiente. 10 compañeros en línea. “Improving”, ponía. ¿Qué área de conocimiento tocaría hoy: la batalla por el agua, la yihad urbana, el diseño de cyborgs, los últimos avances en biotecnología, la gestión de la Inteligencia Artificial, la planificación de viajes espaciales, la autopromoción, organizarse para compaginar cuatro trabajos…? Una y otra vez revisaba los contenidos, continuamente actualizados y adaptados a los métodos de aprendizaje de cada cliente, pero en su fuero interno seguía sintiendo que le faltaba algo. Pensaba en su recién adquirida impresora 3D y se preguntaba qué sería, cómo podría dar forma a una sensación para tener a Pavel, la última incorporación a la nómina de hologramas del centro, satisfecho, al tiempo que impresionaba a los cazatalentos que todos sabían que se escondían tras los directivos del centro.